Siempre Fidel

23 Mar

Ernesto Fidel era la aventura más importante que había tenido en 24 años. En realidad era la única. Sus escenarios estaban en el under, sus historias también, con personajes de fábulas pero que él se había cruzado alguna vez. Fide, como lo llamaba, tenía todo para encandilar a cualquiera que venía de la quietud de las sierras. Allí los chicos no arriesgaban su vestuario a más de una bombacha Ombú y alpargatas de yute. El era alto, te tez blanca, con un mechón más largo que se peinaba para atrás y de look ochentoso pero moderno a la vez. Desprejuiciado, atrevido y un poco loco, era la síntesis de la ciudad que venía a buscar. Me contaba de Sumo en Cemento, de la noche en el Parakultural. Me pedía que no me enamorara porque era el peor estado del ser humano. Yo lo miraba y no entendía nada. Cuando lo conocí me regaló una estampita de San Batato, que todavía guardo.

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